Cuando gratamente me invitaron a escribir en esta revista anual, acudieron a mi mente un sinfín de ideas, emociones, sensaciones que me llevaban rápido a la tarea.

Siempre acude a mi mente la figura de mi padre Francisco Pérez- Rejón Martínez, siempre dispuesto a todo, a todo y sobre todo por su pueblo Huétor – Vega y por él, porque sé que estaría contento de que lo hiciera. Pero claro llega lo más difícil de todo, ¿de qué escribo? ¿Qué tema elijo? Del presente, del pasado, de algo vivido, soñado, querido, después de meditar creo que voy a escribir sobre el pasado reciente como fue el pregón 2016.

Lo dije todo o casi todo aquella noche de agosto del 2016, pero que dejó en mí aquella noche que humildemente quise estar con él (mi padre) y con todo mi pueblo. Dejó muchas sensaciones, todas positivas, estaban conmigo todos los que me querían y los que no podían por motivos personales. Me sentía querida apoyada, aquel foco en los ojos que no me dejaba veros, pero si, sentir vuestro aliento y sonrisas (Luisi, a ti sí que te veía en las escaleras del Carmen dándome seguridad, eras mi amiga, mi infancia, adolescencia, primeros amores).

Quería daros lo mejor de mí, que os sintierais orgullosos de la hija de Paquito “el de la Umbría”, o “el yambas”, pero ¿quién era yo? …Una más del pueblo elegida para exaltarlo y animaros a vivir
unos días de fiesta, ilusión algarabía. Y llegó la idea del pregón, los sentidos, cómo veía yo a mi pueblo a través de ellos, vista, olfato, oído, gusto y tacto.

Y después de pasado ya un año os quiero decir cómo percibí ese pregón a través de mis propios sentidos:

La Vista, gran sentido, que me hizo ver a un pueblo que me veía en ese Carmen de San Rafael tan nuestro, todos vosotros conmigo, todo lleno, no tengo con que daros las gracias por haber compartido conmigo tanto.

El Oído, vuestras palabras que me transmitían ánimo, tranquilidad, seguridad e incluso el silencio sonoro con el que me escuchabais, vuestras sonrisas y también el cantar, acompañándome en la canción del Rosario de la Aurora: “campanillas tocan en mi puerta, no las toca nadie, ni las toco yo…” Al terminar vuestras palabras de gratitud, enhorabuenas, etc.

El Gusto, de dos formas: por lo bien hecho, por un pregón cocido a fuego lento, con aromas de todos los rincones de Huétor, de la vega , de su secano y por supuesto el haber estado tomándonos, aquel ágape que nos sentó tan bien a todos en aquella magnífica noche!!!!!.

El Olfato: oler a los jardines regados con el agua de la acequia que hace que huela a verano, el perfume que exhalan los naranjos, limoneros, boj, aligustre y el olor de mi gente a mi alrededor.

El Tacto: quizás es el que más me gusta porque yo soy de tocar, besar sentir a la gente muy cerca de mí. Necesitamos tocarnos, estar unos al lado de los otros. Empatizar con el otro.

Aún recuerdo ese día y no se me olvidará mientras viva, fue un reto que hice, vencí con pasión y fuerza.

Montserrat Pérez-Rejón

Haz un Comentario