Revista 2017

No eres de Huétor si no…

Vivimos tiempos digitales a veces para lo malo, pero, afortunadamente, también para lo bueno.

Eso de las “Nuevas Tecnologías” suena ya a cosa de principios de siglo, la tecnología hace tiempo que convive con nosotros, abre nuevas vías de comunicación en lo positivo, nos permite sentirnos cercanos aunque haya medio mundo de distancia. Sin embargo, lo inmediato de la conversación por grupos de WhatsApp o Facebook hace que, inevitablemente, convierta las palabras en efímeras… Es intención del que escribe recuperar y fijar en esta revista para mayor alcance y permanencia en el tiempo alguna muy bonita iniciativa que nace en aquello tan abstracto de “las redes”.

Sin dejar de lado el gran trabajo de Antonio “RetroFilm” Ariza Muñoz, que nos está regalando en los últimos años su memoria audiovisual en Super-8 y otros formatos (recomiendo su visionado, alguna sonrisa les sacará a los hueteños de entonces, como lo ha hecho conmigo), quiero centrarme hoy en el grupo de Facebook “No eres de Huétor vega si no…”, donde a la fecha casi mil quinientos vecinos (que lo son, o lo fueron; siempre serán) comparten sus anécdotas y memoria. El grupo comienza a funcionar en junio de 2014, siguiendo una moda (un “meme”, le llaman en estos ambientes de Internet) a raíz de la que casi cada pueblo de España comenzaba con un “No eres de nosedonde si no… – has visto / has hecho / viviste… – tal cosa”. Algo anecdótico, pero que de algún modo nos hacía descubrir a los de-Huétor-Huétor, y a los que llegaron más recientemente, que con el tiempo lo son como el que más, algunos detalles del pueblo, microhistorias algunas de ellas con mucho trasfondo: “No eres de Huétor Vega si no has ido a roar el huevo a la era…”.

Sin embargo, y como casi todo en la vida, lo importante es la diversidad, la participación de la comunidad en el debate, sumar opiniones enriqueciendo… Aquellas primeras sentencias quedaban
ahí, en datos útiles de algún modo para el que quisiera profundizar por su cuenta, en la mirada alegre del que ya las conocía y reactivaron su memoria. Lo bonito de verdad a criterio del que firma este artículo aparece un tiempo después, según se van sumando más y más miembros a este espacio, favoreciendo la conversación en los comentarios de cada entrada de ese “muro”.

Algún tiempo tiempo después, el 23 de marzo de este año 17, el perspicaz y memorioso Miguel Jiménez Sola, vecino del Camino del Zute entonces (no deja de visitarlo ahora al menos una
temporada al año, y se nota que nos tienen muy presentes a sus vecinos) se da cuenta de que hay un descenso en la participación e, “inocentemente”, como lo hacen los mejores “Social Media Strategists”, plantea una iniciativa de las que calan poquito a poco: propone Miguel que se recuperen palabras, expresiones, cosas que se veían en Huétor antiguamente.

El resultado fue magnífico: algunas docenas de memorias se vienen recuperando, haciéndonos entender mejor la historia de nuestro municipio a los que no vivimos aquello (sí, me estoy quitando algún año, algo me suena). Por supuesto, compartimos muchas de esas expresiones con los cercanos de la comarca: Granada, Cájar, La Zubia, Monachil… Seguramente (podríamos indagar en esos “diccionarios granaínos” que circulan por la Red) mucho más: primero compartidas con toda Andalucía en su zona oriental (Almería y Jaén, principalmente), después hacia el resto. Localismo Universal, se me ocurre… Somo mucho más parecidos de lo que podría entenderse a primera vista, venimos del mismo tronco.

Pero, a lo que veníamos (perdonen la introducción tan extensa, necesitaba atribuir méritos a quien corresponde): recuperemos algunos de esas bonitos términos y expresiones; nos darán contexto y conversación con nuestros mayores. Sólo por esta última parte, por si favorece una conversación con el padre, o el abuelo, este artículo es “oro molío” 😉

La molla está en los comentarios de aquel grupo… Que es lo bonito. Comienza como un juego de adivinanzas en el que todos ganan: el que la sabe porque demuestra su sabiduría popular; los que leemos, aprendemos. Comencemos a modo de homenaje y agradecimiento con esa “maquila” que propone Miguel. Responde Jose Hurtado: “La maquila eran las papas que se llevaban los recogedores después de terminar la jornada”, pero matiza el Sola: “yo fui muchas veces a arrancar papas y nunca me llevé maquila a mi casa, solo las mil pesetas del jornal. Habría que especificar algo más.”. ¡Bien! Vamos encaminados, pero el juego continúa (¿no es la vida un juego?). Hubiera sido fácil para él aportar el matiz que se desvela en los siguientes comentarios: la
maquila eran las papas más gordas, las que se llevaban los que repartían el pastel, como desvela él mismo más adelante (con mucha historia entre líneas): “Yo recuerdo que le decía a mi padre,
procurando que no me oyeran: ¿Por qué se tienen que llevar las papas más gordas y más sanas? Mi padre me respondía: niño hay que portarse bien con ellos porque si no, levantan la mano y es peor. A levantar la mano se refería que no solamente desechaban las papas más menudas, sino que también dejaban de embasar las medianas. Hay que tener en cuenta que los ‘pesaores’, así se llamaban estaban pagados por el comprador, no por el agricultor.”. La maquila eran las mejores papas de la pila, que se quedaba el que podía. Siempre ha habido clases…

Seguimos, ya de forma más escueta, a modo de pequeño tesauro:

Inma del Paso nos recuperó justo después la palabra “adarme”, a ver si dais con el significado… Dan pistas en los comentarios (Conchi González indica “es como que no es nada”), remata Pilar Pérez Velázquez: “ahora la he buscado y es una antigua unidad de peso, equivale a 1,797 gm, y además dice que se utilizaba en expresiones como: ‘no tiene ni un adarme de cerebro’”.

En los mismos comentarios de la entrada anterior (¡qué rico es esto!) aparece “hogaño”, que parece referirse a “este año”. ¿La conocían? El que escribe, no.

La siguiente que aparece es de Montserrat Pérez-Rejón Velazquez, refiriendose a “careto”: “mi tío Miguel Pilongo decía: Este marrano es q es careto?”. Resulta que se decía de aquellas matanzas en la que no se sacaba vino para festejar… Uno decía “¿este marrano es que es careto?”, y el anfitrión no tenía más riles que buscar la damajuana del mosto para repartir vasicos, que se la habían soltado con mucho arte. ¡Bien por el sarcasmo huetero! 🙂

Aparecen otras que seguramente suenen más, como el “vaíl”, escrito en hueteño, que propuso Pilar Calvente (así lo he escuchado yo toda mi vida). Un recogedor (diría que, de acero o hierro,
eso sí; de los que duran varias generaciones). Un badil, pero qué bonito suena nombrado por nuestras abuelas, ¿verdad?

Ahora toca una muy de costumbres de Huétor: “camal”. Yo me acuerdo de mi tito Toñi (ay… tenía que nombrarlo, y les aseguro que se me ha hecho un nudo fuerte en el pecho, el año pasado ya dejó de hacer matanzas para siempre…) colocando el camal en una polea al techo para colgar a los marranos. Un simple palo, muy cuidado en su composición, medidas y cortes… Pero dejémonos de cosas tristes (de verdad, que me he jartao de llorar según escribía lo de antes), “iros a hacer faoces”, que era lo que les decían a los niños cuando daban mucho por allí… Por favor, ¿podríais jugar un rato en aquella zona más alejada? – diriamos ahora,…

Una cosa que había en los cortijos, o casas de labranza, casas donde se trabajaba, como eran casi todas, era el “acetre”, muy relacionado con lo de arriba. Un caldero, pero diría que específicamente de hierro, de los que se pueden echar a un pozo (con un ladrillo dentro para que se hunda bien), o en la chimenea para ir calentando el agua mientras se cuecen las morcillas. Para limpiar las tripas, o para lo quehiciera falta… Claro, cuando había que sacar el acetre era menester hacerlo con un “roílla”, como proponía Loli Gil Fernández, un paño de cocina, diremos ahora. Pero, no me digan que no era mucho más directo y conciso…

¿Y un “jorcate”, como nos decía Pilar Pérez Velázquez, saben lo que es? Tiene que ver con aperos de los mulos, que se ven ya poco, pero se ven (por el Zute todavía pasa alguno, raramente, por la puerta de mi casa). Es ese utensilio de madera que lleva la bestia sobre el cuello, adonde se amarra parte de su tracción; el nombre de aquí debe venirle por la forma de horca pero sin astil, como apuntaba Miguel en la conversación. Dejamos abiertas aquí otras palabrejas relacionadas como la “jaquima”, que puede o no llevar “antojeras”, y poco detrás se engancha el cabestro para controlar a la mula. ¡Qué rico vocabulario!

Para no cansar, vamos a ir acabando… Porque el dichoso grupo y sus participantes dan para mucho, créanme que ha sido dificultoso entresacar entre tanta aportación. Pero no voy a terminar
sin soltar una ráfaga rápida, en modo metralleta: “tarabita” (accesorio para herrar hecho de madera de almencino), “espetera” (para los cacharros de la cocina), la “farfolla” que rescata Luisa del Paso Jiménez, no sabemos si refiriéndose a su significado estricto del sobrante de las panochas o mazorcas, o a la criatura que se consideraba un farfolla (por lo mismo).

Colchones de “borra”, albarcas atadas con “tomiza”, “somormujos” que hablan poco y aportan menos, los “francaletes” que unían el horcate (ver arriba) con el arado. Cuando uno se
tenía que poner una “pelliza” porque hacía frío al ir a “escardar”,… Me dejo tantas que me dan ganas de seguir el año que viene. Quizá necesite colaboradores, porque la memoria de un pueblo
es una tarea demasiado grande para uno solo, aunque sea recopilando cosas que otros han dicho. Por cierto: discúlpenme si algo he transcrito mal, y por todo lo que dejé fuera: no hay maldad, solo es que esto da más para libro que para artículo.

¿Qué opinan, seguimos juntos? No olviden a sus mayores…

Ángel Luis Moreno del Paso

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