Revista 2017

Historia del mosquito Juanito

Érase una vez un mosquito que nació en un charco cerca de una viña. Se llamaba Juanito. Tardó poco en crecer ya que se crió en un barrio conflictivo, convivía con otros mosquitos que lo llevaban por el mal camino. Sus padres estaban hartos de aconsejarle, pero Juanito era un poco cabezota y todos los días le decían Juanito ten cuidaico por ahí que hay mu mala sangre… pero por una oreja le entraba y por la otra le salía.

Un día el grupo de mosquitos decidieron volar hasta un mercadillo y ponerse hasta la boina de chupar, ellos lo llamaban así, era como su botellón. Nuestro amigo se decidió por una mujer gorda que gritaba ¡Muhere vamo muhere, a sinco leuros, a sinco leuros!

Al ver esa cara de pan de maiz, Juanito se tiró en barrena hundiéndose en su papada, poco después acabó exhausto y pensó que había matado a la mujer pero esta seguía gritando: ¡a sinco leuros, a sinco leuros!. La travesía hacia su casa se hacía un poco larga porque el temible grupo de kamikazes que lo acompañaba, se había ido hace rato. En el camino de vuelta se cebó también con un pobre viejo y con un hombre que montaba en bicicleta, cosa que aprovechó para ir con el ciclista conversar un poco y descansar ya que iban en la misma dirección y prefería sentir el frescor de la brisa en la frente. Se hizo tarde y se fue a dormir.

Al día siguiente estuvo merodeando cerca de la viña hasta que decidió irse a la ciudad pero lo vio todo muy parado. ¿qué coño pasa hoy? Pero si es miércoles ¿desde cuando San Miguel es tan festivo?

Siguió husmeando por el centro y vió una manifestación, le picó a un hombre con barba y con pegatinas rojas en la camisa pero como vociferaban tanto se fue por ahí hasta que se le hizo de noche. Le dolía la cabeza. Veía a los típicos mosquitos colgaos de siempre alrededor de la luz de las farolas volando como posesos. _Que panda de colgaos_ y se metió en un restaurante con la gente cenando o tomándose unas cervezas. Vió allí a los mismos hombres que vió por la mañana con pegatinas rojas en las camisas. Reían y hablaban en alto. –Menos mal que este bar no ha hecho huelga—o algo así decían. El aire era templado, el otoño acababa de empezar, los colores ocres en las hojas de los árboles. Por la noche empezó a refrescar.

La gente también se volvió más gris y ocre como los árboles.

Juanito a su bola, empezó a chupar sangre. Primero empezó por el escote interminable de una mujer joven que había en la mesa de la esquina y acabó por el cogote húmedo de un niño que dormitaba en un carrito, diez mesas después, aquí se libró de morir porque el niño se rascó el cogote con el sonajero y por poco lo aplasta.—Hosti..qué susto la virgen—dijo Juanito.

Ya era la hora de cierre del restaurante y de la jornada. Los camareros decían ¿estos no son los de los sindicatos? Joder pues menos mal que no hemos hecho huelga porque hemos hecho el agosto–. Al día siguiente el mosquito Juanito, despertó con la misma energía que el día anterior, vió el cielo claro. El día se presentaba fresco por la mañana y templado y agradable por la tarde

Ya veía en su vuelo rutinario que la ciudad se ponía en marcha, que ya no había manifestaciones. Se metió en un bar de esos típicos a eso de las una del mediodía con olor a croquetas y a tortilla. Cuando vió que el bar estaba lleno y la gente rebosaba de cerveza, recordó el título de un disco de Supertramp: ¿crisis? ¿qué crisis?

José Miguel Casado ©
Al Sur del tiempo.

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