Cada año por estas fechas al equipo de redacción de esta revista nos toca sumergirnos en los antiguos números de Huétor-Vega Gráfico para rescatar un artículo del olvido y publicarlo en la del año en curso. Una inmersión grata y agridulce de la que no se sale indiferente. Hay toda una vida en esas páginas. Una vida que no fue mejor ni peor (muchos no opinarán lo mismo), pero que forma parte de la nuestra. Es grata, porque nos recupera pasajes, paisajes y personajes de nuestra intrahistoria. Y es agridulce porque muchos de ellos –paisajes y personajes- ya no están entre nosotros.

Decía Borges que “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”… Si cada hueteño tomara una hoja de papel y escribiera en ella un solo recuerdo de su vida en el pueblo -porque el recuerdo se construye con momentos irrepetibles-, elaboraríamos un libro de memorias entrañables que seguro hemos compartido en algún momento.

A los largo de sus 46 años, de algún modo, las páginas de esta revista han jugado ese papel para varias generaciones. Cabría preguntarse qué ocurriría con la memoria colectiva si desaparecieran las fuentes orales y escritas que la difunden y la fijan. La respuesta es simple y rotunda: el olvido. Y no hay desarraigo más grande para un pueblo que el que no recuerde su pasado.

La Historia se construye gracias a las fuentes documentales que perviven o pervivieron en su momento para que otros las referenciaran, posibilitando que su contenido haya llegado hasta nosotros. Sabemos por ellas que Huétor-Vega, con el nombre de Güetor-Caxar, tiene “oficialmente” 446 años, si nos atenemos al libro de apeos fechado en 1572, donde se menciona la existencia de 108 casas y 390 vecinos; lo que corrobora que nuestro municipio era ya una localidad bastante respetable a aquellas alturas por la riqueza de sus cultivos de vega y de secano. Gracias a la referencia que 400 años después hizo Daniel Madrid de dicho documento en el primer número de esta revista, podemos dar estos datos, puesto que lamentablemente el Libro de Apeos
desapareció del consistorio hace algunos años.

Y por fuentes documentales, gracias también a un manuscrito árabe recuperado de una encuadernación, conservado en la Biblioteca Universitaria de Granada, y que quizá sea la referencia más antigua a nuestro pueblo, sabemos que en 1433 se firmó un acta de liquidación de un proindiviso en favor de los hijos de Sa’id al-Sulaymi (posiblemente el terrateniente más antiguo documentado de Huétor, ni que decir tiene que musulmán, para que luego digan…), en la que se menciona, entre otras propiedades, un lugar de riego en nuestro pueblo.

Y esto solo viene a ratificar que la memoria humana es efímera si no se plasma en una imagen o en un texto, por lo que todas aquellas iniciativas dirigidas a preservarla son encomiables. En nuestro pueblo lo han hecho sus cronistas más aplicados, Francisco Peréz-Rejón Sola y Francisco Peréz-Rejón Martínez, cada uno con diferentes enfoques; y de modo más puntual y académico, Lucía Águila, por mencionar los que han llegado a publicar alguna monografía. Pero quizá sea Huétor-Vega Gráfico el medio más heterogéneo dónde esta memoria se ve reflejada, por la multitud de colaboraciones de los anteriores y de otros autores que han contribuido con sus trabajos a dar valor documental y referencial a la revista.

Son encomiables también iniciativas más acorde a los nuevos medios y tiempos, como la página de Facebook “No eres de Huétor Vega si no…”, con amplia participación de los vecinos, a través de la que se están recuperando el argot hueteño, fotografías antiguas y tradiciones perdidas, y cuyas colaboraciones los promotores se plantean reflejar en una publicación. Magnífica idea, pues ya conocemos que la vigencia de lo que se publica en las redes sociales dura lo que dura un par de pasadas del dedo en el móvil, o del scroll en el PC.

Sin duda, todos estos ejemplos, o -si parafraseamos a Borges- este montón de espejos rotos, ayudarán a componer una imagen fidedigna y duradera del ancho espejo de Huétor-Vega.

Rosario Tovar Velázquez

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